El destino
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Salí de la uni como siempre. Lo distinto era que no tenía ride. Sabía más o menos qué
ruta me llevaría a casa y me trepé en el primer camión de colores.
Nos alejamos de mi zona; acabé en callejuelas casi sepia. En cuanto reconocí una
avenida a lo lejos, pedí parada.
Casi caigo en el enfrenón, un hombre se ríe de mí: trágame tierra.
Mi mamá dice que tengo ángel de la guarda. Ha de ser cierto, en la esquina estaba
parado mi compañero Alex con una bicicleta.
—Te la presto- propuso él.
—Pero nunca he andado en bici en la ciudad.
—¿Te da miedo?
—¡Pues sí!– repliqué.
—Cuando eras niña, ¿te daba miedo?
—No.
—Pues imagina que eres niña.
Me subí a la bici y pensé que chocaría con los topes que delimitaban la ciclovía. Pero
no. Como dijo Alex, me acordé de mi niñez. Pedaleé con cuidado, parando en los altos.
El miedo se fue y pronto el viento en mi rostro me hizo sonreír como una loca. Era yo,
el mundo y mi nueva ciudad. Cuando llegué a casa, supe que había encontrado un
destino: me encontré a mí.
Jennifer Mc Namara Gutiérrez
- Consultora | 31 años | Ciudad de México, México
- Ilustrado por Cuauhtémoc Contreras | @alter_cuauh