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La Praga de Kafka

Reproduce para escuchar la historia

Camino por Praga. Me pierdo por Praga. Si hay ciudades que fueron hechas para caminarse, ésta es una de ellas.

La calle que surco —a la derecha veo la Ópera, a la izquierda el bar de Las Dos Gatas en el que Mozart solía emborracharse— me encauza por una vereda empedrada que desemboca en la Plaza de la Ciudad Vieja, donde una conglomeración de personas mira directamente hacia la torre del reloj astronómico. Dan las 12:00 y comienza el espectáculo: la calaca que se mueve con una clepsidra en la mano nos recuerda que nos queda una hora menos de vida.

Suena la alarma antiaérea, prueba rutinaria que funge como recordatorio de la barbarie no tan lejana. Desconcertado, sintiendo algo cercano al pánico, camino hacia una plaza más pequeña que se encuentra al lado de una iglesia. Ahí la veo: la cara broncínea de Kafka. Hace cien años, en 1924, murió de tuberculosis uno de los mejores escritores de la historia. Y ahora yo me encuentro en su ciudad, viendo el portal de la casa en que nació, en el barrio judío de Praga, su barrio. Y entonces me dan ganas de reír o de llorar, y comienzo a caminarlo.

Pablo Igartua Martínez

  • Escritor | 28 años | Barcelona, España
  • Ilustrado por Enrique Estrada | @iamenriquestrada