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Mujer calle

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Había una vez una mujer en forma de artificio, era más grande que mil mares, cargaba como aretes los edificios, y su labial eran cruces peatonales, tenía en el abdomen una carretera que le bajaba hasta la cadera, se perdía entre sus grandes piernas, y deformaba su silueta. Sus brazos fuertes movían las vías, y manejaba a los trenes que corrían. Con la mano derecha el día alumbraba, y con la izquierda, de la lluvia se tapaba. En su pelo vivían los árboles, los arbustos y las flores, y en los pies las aves, y del arcoíris los colores. Sus pechos eran volcanes, uno dormido y otro despierto, que ella cuidaba sin pesares, y les echaba un ojo bien abierto. Como hormiguitas en la tierra hecha de chocolates, en su cuerpo corrían los miles de habitantes, estaban perdidos en la realidad cegadora, que no veían a la mujer trabajadora. Pero he aquí un pequeño secreto, porque en el ruido de la ciudad, encontrarás un murmullo discreto, no te has de asustar, pues es de la mujer calle, el sepulcro lamento.

Josefina Sánchez García

  • Estudiante | 16 años | Puebla, México
  • Ilustrado por Minerva Mendoza | @sehacen.dibujitos