Sendero agreste
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Entre los pastizales de ese territorio que antes fuera tierra productiva, ahora devenida en futura urbanización, se abren paso unos angostos senderos. No sé si fueron abiertos por seres humanos o por los últimos habitantes de vida silvestre. Algunos de ellos aún resisten en este espacio, antes que la llegada de los hombres con sus máquinas acabe con el hábitat que durante tanto tiempo les ha pertenecido. Llevo mis pasos por esa huella frágil, rodeada de altos y a veces pinchudos matorrales. Veo transitar a las hormigas portando sus hojas, cuido muy bien el no pisarlas. Me siento una extraña en este camino, por el cual me traslada la insaciable curiosidad y la seguridad que me permitirá llegar más temprano —que tarde— hasta la costa del río. Cada mañana lo recorro, para contar con el indescriptible placer de ver fluir las frías aguas, nacidas de la cordillera profunda, avanzando sin pausa y con bastante prisa, para llegar, quién sabe en cuántos días, hasta el mar. Me regalo, mientras dure, recorrer el minúsculo sendero que me acerca al fluir incesante del agua, para recordarme la fragilidad y maravilla de estar viva.
Miria Teresita Baschini
- Docente | 61 años | Neuquén, Argentina
- Ilustrado por Alfredo Román | @alfreditoromano