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Destino desconocido

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El día que salí de mi pueblo natal fue uno de los más emocionantes de mi vida. Vi a mi perro correr detrás del autobús que abordé para llegar a la capital. Su lealtad y tristeza me partieron el corazón, pero sabía que éste era el camino para alcanzar mis sueños. Ser de un pueblo y llegar a la ciudad fue abrumador. El bullicio, la prisa y el caos del tráfico me resultaban aterradores. El tren subterráneo era una experiencia totalmente nueva para mí: era mi nueva vida.

Con nostalgia, recordé el verdor de los pastizales donde las ovejas mordían la hierba. Entre el humo del tráfico automotor, estaba decidido a perseguir los sueños de una vida mejor.

A pesar de los desafíos que enfrenté, cada día me acercaba un poco más a mis metas. Cada paso me hacía más fuerte, y recordaba por qué había dejado mi pueblo.

Así que, mientras cerraba los ojos esa noche, recordé que cada amanecer era una oportunidad para ser feliz; con la esperanza en el corazón, me dormí soñando con un futuro brillante.

Gregorio Rafael Ramírez

  • Costurero | 44 años | Yaracuy, Venezuela
  • Ilustrado por Fabricio Pacheco | @yo.fabisho