La caminante
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Casi todas las mañanas doy mi vuelta: salgo por la calle Europa, doblo a la izquierda por
Pueyrredón hasta Zanni, luego a la derecha por Acceso Oeste hasta Barcala; encuentro
otra vez Pueyrredón y retomo Europa hasta casa.
Después de la pandemia del 2020, se me hizo habitual la necesidad de sentir el aire
fresco de la mañana en el rostro, escuchar el canto de las aves y el ruido de los autos
por la autopista.
Empecé con veinte cuadras y ahora hago siete kilómetros. La sensación de vida es la
misma, me arrullo con mi propio canto, canciones perdidas de una juventud pasada,
llenas de nostalgia.
Camino. Pienso y me abstraigo en las melodías que saltan a mi cabeza. Pasa un corredor,
me saluda y un ciclista me alienta; me felicito por intentarlo, de eso se trató, un paso,
luego otro y logré trotar después de diez años de no hacerlo por comodidad.
Al cruzar el puente paro y miro desde lo alto; sus vidas van veloces, la mía es lenta,
pausada, con calma y con espera. Disfruto de esa paz de estar viva, de sentir, poder
amar y recordar. Sigo caminando y abrazándome...
Stella Maris Guarda
- Docente | 64 años | Buenos Aires, Argentina
- Ilustrado por Marco Sosa | @m.sosart