Se llamaba 640
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Ahora se llama C79, pero aunque su nombre haya cambiado, él sigue siendo mi favorito. En él aprendí a recorrer la ciudad, a observar desde lo alto. En él encontré el placer de mi compañía, un sabor de independencia y libertad. El camino que compartíamos juntos durante cuarenta minutos, se sentía más como una pausa para después seguir avanzando. 640 era su nombre, y a veces sigo llamándole así. Las llamadas ajenas, las lágrimas propias, los sueños compartidos, el aire caliente y la cercanía de los cuerpos en las horas más transitadas. Subirse a él era como convertirse en pez. Estar dentro de una pecera, con otros peces, de muchas formas y colores, era ver el exterior desde un cristal y al mismo tiempo, ser observada a la distancia por los de abajo. Con su ayuda he llegado a donde tengo que estar, y aunque conozco bien su ruta, siempre me mantengo atenta porque el camino nunca es igual. Yo también he cambiado, pero él sigue siendo el mismo.
Valeria González Guerra Contreras
- Filósofa | 25 años | Guadalajara, México
- Ilustrado por Siboney Robles | @pezroble