That is the question
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Salir o no salir, that is the question. Si voy —me dije— tendré que abordar el bus, bajarme
en la Panamericana y caminar, por lo menos, treinta minutos sobre la solitaria vía que
conduce a casa de mi abuela. En caso contrario, podría quedarme en casa bebiéndome
un café mientras observo por la ventana, sentado sobre mi vieja poltrona, a los gatos
que deambulan por el vecindario retozando sobre el tejado de la casa vecina.
Sin embargo, el viaje supone, al menos para mí, la bendita posibilidad del encuentro:
el cruce de miradas, los contactos sutiles, los cuerpos intercomunicándose en la
hiperbólica inmediatez de un espacio en permanente tránsito, la inmarcesible y
contagiosa algarabía de los niños, las perfumadas cabelleras danzando al compás
del viento que se filtra por las delicadas oquedades del bus. De no ir, renunciaría al
milagro de lo imprevisible.
Si me quedo, la aristocrática quietud de los gatos me sumergiría en el silencioso mundo
de la ensoñación animal. That it the question.
Juan Carlos Flores
- Docente | 46 años | Ciudad de México, México
- Ilustrado por Raúl Anzaldo | anzaldogr@yahoo.com.mx